En relación con el origen del maíz, se ha escrito lo siguiente:
Se cuenta que el dios Kon, atento a los afanes de sus criaturas, decidió ayudarlas. Una mañana, cuando el sol doraba los campos, en una chacra, un joven campesino se hallaba absorto abonando con sumo cuidado una débil plantita. El dios surge de una sombra, transformado en labriego(…) “No te asustes buen hombre – dice Kon al campesino – he visto tus esfuerzos desde el principio de las edades. Tratas de alimentarte sin sacrificar a las aves del aire ni a las bestias del campo.
Eso es bueno, ahora estás abonando esta plantita para ver si los frutos colman tus anhelos. En premio a tantos esfuerzos, voy a ayudarte”. Diciendo esto, extrajo una bolsa, que contenía una hormiga, una llama, un zorro, un guarango, un cóndor y un puma. Tomando de la hormiga una patita, de la llama una gota de sangre, del zorro una ñizca de su cerebro, del guarango una astilla, del cóndor una pluma y del puma unos pelos; lo mezcla todo y vierte en las inmediaciones del tallito.
A medida que lo hace va diciendo: el hombre que coma este fruto, sea trabajador como la hormiga, sobrio como la llama, astuto como el zorro, viva largo tiempo como el guarango, su pensamiento se eleve a las alturas como el cóndor y al beberlo fermentado, en la guerra, sea bravo como el puma. Perplejo el labrador, contemplaba al dios, rodilla en tierra, manipular como un simple mortal las cosas de este mundo.
Con el tiempo supieron los hombres, que el dios Kon había obrado bien(…) los campesinos se sintieron orgullosos. La plantita, al sentir los efectos de tan extraña composición, creció colmada de frutos inmejorables y rubicundos, que pronto se extendieron por toda la faz de la tierra(…). Así nació el maíz.
LA RECETA (para 8 personas)
En la presente receta, se puede emplear choclos de cualquier departamento del país. Lo ideal es mezclar, en partes iguales, granos frescos con granos secos y, sobre todo, licuarlos sin ningún líquido. Solo debe actuar la ‘leche’ del mismo maíz.
De manera generosa, unte con mantequilla un molde de vidrio o metal de 22 cm. de largo por 12 cm. de ancho. Aparte, licúe 1 ½ kilo de choclo desgranado. Reserve.
En una olla, derrita 175 g de mantequilla y guise por 5 minutos ¾ taza de crema de ají amarillo (ver preparación en receta de causa rellena), 3 dientes de ajo picadito, sal y pimienta. Transcurrido este tiempo, añada el choclo licuado y cocine por 15 minutos a fuego lento. Es determinante no alejarnos de la olla ni dejar de mover con cuchara de madera nuestro futuro pastel, pues el maíz suele quemarse con mucha facilidad.
Retire del fuego y deje enfriar antes de agregar 5 huevos (de uno en uno) y ½ cucharada de polvo de hornear. En seguida, vuelque la mezcla en el molde. Hornee a 180 grados durante 90 minutos. El tiempo es referencial, debido a que depende del tipo y calidad del horno. Desmolde el pastel en frío.
Para preparar la salsa, hierva ¾ litro de caldo de palabritas y sazone con sal, pimienta, ½ ají limo picado grueso y ½ taza de hojas de culantro. Dé cuerpo a la salsa con 3 cucharadas de maicena diluida en ½ taza de caldo. Incorpore 1 choclo cocido y desgranado, 1 pimiento en cubitos, 1 taza de habas cocidas, ¼ taza de espinaca bien lavada y cortada en juliana, ½ taza de queso fresco en cubitos y, por último, ¾ taza de pulpa de cangrejo fresco.
Caliente las tajadas de pastel al vapor y sirva con la salsa. Decore con hermosas lechugas.
Fuente: Don Cucho la Rosa