Potaje de cuaresma; llegando a Semana Santa
La Cuaresma es para los cristianos algo asà como el sucedáneo de la Pascua de los judÃos y hasta hace algunos años en España aun se respetaban las tradicionales vigilias que prohibÃan comer carne los viernes de los cuarenta dÃas anteriores a Semana Santa.
Hoy ya casi nadie respeta esta obligación, pero los católicos creyentes sà deberÃan hacerlo, de modo que para los Hermanos que profesen esta religión, esta es la receta del plato más emblemático de esos dÃas sagrados, y para los que no, también, porque está deliciosa.
Ingredientes:
1/2 kilo garbanzos
2 manojos de espinacas
2 colas de bacalao.
6 dientes de ajo
1 cebolla
Sal, laurel, perejil, y aceite de oliva
Preparación:
Los garbanzos deben estar a remojo toda la noche, el bacalao durante dos dÃas y el guiso deben hacerse de un dÃa para otro, asà es como está realmente bueno, de modo que conviene planificar el trabajo con cierta antelación.
Una vez listos los ingredientes, empezamos por rehogar los ajos y cuando empiecen a tomar color, se añade la cebolla finamente picada, se deja confitar lentamente. Cuando empiece a tomar color, se salpimienta generosamente y se añade abundante agua. Antes de que esta coja temperatura, se añaden los garbanzos que debe quedar completamente cubiertos. Cuando el guiso rompa a hervir, se baja el fuego y se deja cocer lentamente.
Ya en este momento de cocción tranquila es cuando se añade el bacalao y las espinacas. Hay quien las escalda primero para quitarles un poco el amargor, a mi me encanta ese sabor potente y simplemente las lavo bien, les quito el tallo, y a la cazuela, incluso sin trocear.
En cuanto al bacalao su función es dar gusto, a mi entender deberÃa incluso sacarse del plato porque resulta estropajoso, pero eso ya es un criterio personal de cada comensal.
Es muy tradicional acompañar este plato con huevos duros partidos en cuatro y flotando sobre el guiso. Quizás sea siguiendo la costumbre judÃa de los Guebos Haminados del Seder. No es que sean imprescindibles, pero tampoco están mal, dan color.
Fuente: Enciclopediadegastronomia.es. Publicado en el libro La Cocina masónica, año 1.997.






